sábado, 25 de abril de 2015

SIETE MARAVILLAS VALENCIANAS FUERA DE VALENCIA.


Las siete maravillas 
del arte valenciano... que 
no están en Valencia

CARLOS AIMEUR. HOY El retablo del Centenar de la Ploma en Londres; la Dama de Elche en Madrid; la puerta de la capilla del Palacio de Mosén Sorell en el Louvre...
VALENCIA. Algunas, las mayoría, fueron vendidas. Otras, desmanteladas, aparecieron en el mercado de subastas y nadie pujó por ellas. Durante el siglo XIX y principios del XX gran parte del patrimonio artístico valenciano quedó desperdigado por Europa y América. Como sucedió en toda España, muchas obras de arte salieron de la Comunidad Valenciana para nunca más volver. Con todas ellas se podría crear un gran museo de obras perdidas.
En varias ocasiones se ha intentado que algunas de estas maravillas volvieran a la Comunidad Valenciana. Algunas lo han hecho de manera temporal, para exposiciones concretas. Por sus especiales características, por lo complejo de su traslado, la mayoría es difícil que regresen alguna vez. Ahora si los valencianos quieren verlas deberán ir a diferentes partes del globo.
1. RETABLO DEL CENTENAR DE LA PLOMA. LONDRES.
Fue pintado a principios del siglo XV por el pintor de origen alemán Marçal de Sax yMiquel Alcanyiç, para la Compañía de ballesteros del Centenar de la Ploma, la milicia de la ciudad. Con unas dimensiones de 6,60 metros por 5,50 metros, se halla en estos momentos en el Victoria and Albert Museum de Londres y desde 1999 preside una de las salas más importantes de este centro. Dice el profesor Eduard Mira que "es una vergüenza que esté fuera" de Valencia por su valor simbólico. "Desprenderse de él fue error; se perdió mucha pintura gótica por culpa de la Academia de Bellas Artes de entonces y las autoridades", se lamenta.
El conjunto fue adquirido en París en 1864 por el South Kensington Museum de Londres, que era el nombre que tenía el centro que ahora conocemos como Victoria and Albert Museum. En la operación intervinieron directamente su entonces director, Henri Cole, y el tasador de arte del Departamento de Ciencia y Arte, J. C. Robinson, según relata Matilde Miquel Juan en su artículo ‘El gótico internacional en la ciudad de Valencia'. El retablo fue comprado por 800 libras esterlinas, 20.000 francos, una cifra "desorbitada", dice Miquel Juan, "si se compara con las 300 libras que se pagaron en 1861 por el maravilloso relieve de la Ascensiónde Donatello".
"Los ingleses sí que supieron comprar porque adquirían toda la pintura caballeresca y nos dejaron los santurrones barbudos", bromea Mira. Entre los motivos que explican que se dejara salir de Valencia esta obra se halla el capricho de las modas. "En Inglaterra el gusto por el gótico no se muere nunca. Ese tipo de pintura les gusta mucho. Allí dicen que es el retablo gótico más bonito de Europa. De hecho lo tienen muy bien expuesto y muy bien cuidado, e igual incluso se hubiera perdido en España. Sólo hay que recordar lo que sucedió en la Guerra Civil", especula.
Hubo un intento de que la obra volviera a Valencia. Mira, con la ayuda de personalidades como el ex conseller Fernando Villalonga,negociaron con los responsables del museo londinense para que se prestara al Museo de Bellas Artes de Valencia. El director Mark Jones (2001-2011), que ahora está en Mark Jones.Oxford, vino a Valencia y se quedó "muy convencido" al ver que la obra estaría bien acompañada de retablos coetáneos, al tiempo que le tranquilizó la calidad de los equipos de restauración de Valencia.
"La idea era que estuviera tres o cuatro años en Valencia a cambio de que le cediéramos algún retablo similar, y después realizar un programa mixto de investigación entre nosotros y los ingleses. Nos faltaba el voto del conservador jefe de la National Gallery y había que mover muchas teclas, pero estábamos cerca. El problema es que los participantes en el juego (Ayuntamiento, Generalitat y Estado) eran de diferentes partidos políticos y ahí hubo dificultades. Se podría haber traído pero teníamos que pasar por encima de vanidades e intereses políticos, y hasta ahí no llego", resume.
2. RETABLO DE SAN ESTEBAN, DE JOAN DE JOANES. MADRID.
En el artículo ‘Nuevas noticias sobre el retablo de la vida de San Esteban de Joan de Joanes' de Mercedes Gómez-Ferrer, la historiadora valenciana relata como esta pieza, "una de las obras más significativas del pintor" y "una de las más conocidas" por conservarse gran parte en el Prado, fue vendida al rey Carlos IV en 1801 para "sufragar los gastos del presbiterio de esta iglesia". En concreto, explica el ex director del Prado, Felipe Garín, la obra fue vendida porque el cabildo "quería reformar la iglesia para hacer el presbiterio neoclásico". De nuevo la modaexpulsaba de Valencia una obra maestra.
Pintado por Joan de Joanes (1507-1579) por encargo del Duque de Calabria en torno a 1562, fue una de las pinturas más caras de su tiempo; de hecho el pintor valenciano llegó a cobrar 90 libras por una sola tabla, la del martirio. Las piezas "salieron de su espacio natural, que era la iglesia de San Esteban", explica Garín y acabaron primero en el Palacio Real y después en el Prado. "No seré yo quien diga que no están bien en el Prado, pero sí que es cierto que fueron pintadas para la iglesia, que ése era su sitio original".
Las piezas que componen el retablo "son magníficas", prosigue Garín. En una de ellas la tradición sostiene que está el autorretrato del pintor. Han regresado a Valencia sólo en dos ocasiones en los últimos 35 años. La última vez fue para la exposición que comisarió el malogrado Fernando Benito en el año 2000, y antes, en el tránsito de 1979 a 1980, en una muestra que organizó el propio Garín.
3. BIBLIA VALENCIANA DE BONIFACI FERRER. NUEVA YORK.
Durante décadas se ha creído que las dos hojas que conserva la Hispanic Society de Nueva York de la Biblia valenciana de Bonifaci Ferrer (1350-1417), hermano de San Vicente, son las únicas que quedaban de este incunable, si bien recientes estudios aseguran que en la Biblioteca Nacional de París se conserva una íntegra, y en la Biblioteca Mazarina, en la Colombina de Sevilla, y en el British Museum se conservan fragmentos.
Todo ello no es óbice para que el bibliófilo y escritor valenciano Rafael Solaz considere a esa hoja expuesta en Nueva York como "una joya". "Es un vestigio único de lo que fue laBiblia valenciana", recuerda. La traducción al valenciano de las Sagradas Escrituras, la tercera en lengua moderna que se hizo en la historia, se imprimió en 1478, 61 años después de la muerte de Fray Bonifaci, y pronto fue objeto de persecución por parte de la recién nacida Inquisición española, creada precisamente en ese año. Atendiendo a los decretos del Concilio de Tolosa (1229), que prohibían la lectura de la Biblia en lengua vernácula, se ordenó su destrucción. Sin embargo las protestas en Valencia consiguieron paralizar en parte el edicto.
Pese a salvarse de la quema, y nunca mejor dicho, la obra de Fray Bonifaci fue perdiéndose. "La importancia de esa obra y de esa hoja", dice Solaz, "es muchísima". "En 1791 es la primera vez que tenemos constancia de la hoja que ahora exhibe la Hispanic", comenta Solaz. Contiene el Apocalipsis e incluye las referencias editoriales, indicando que había sido impresa el mes de marzo de 1478 porAlfonso Fernández de Córdoba y el impresor ‘Lamberto Palomar', Lambert Palmer, el alemán que introdujo la imprenta en España a través de Valencia.
Tras la Guerra de la Independencia esta hoja apareció en la alquería de Bellver, situada en el camino de Burjasot, hoy avenida Burjassot, a dos kilómetros de la ciudad. A la hoja se le había añadido un grabado de Fray Bonifaci. Con el tiempo sería adquirida por Archer Milton Huntington para su Hispanic Society. Allí se encuentra.
4. LA DAMA DE ELCHE. MADRID.
Es la obra maestra del arte íbero. Realizada entre mediados del siglo V y mediados del siglo III antes de Cristo, esta urna funeraria está considerada como el más perfecto ejemplo de escultura íbera. En la actualidad preside el Museo Arqueológico Nacional, donde está depositada desde 1971. Fue hallada el 4 de agosto de 1897 por unos campesinos mientras trabajaban unas tierras del doctor Manuel Campello en la Loma de la Alcudia, cerca de Elche. La noticia del hallazgo se difundió pronto. Llegó incluso a estar expuesta en el balcón de la casa del doctor para que todo el mundo la pudiera ver.
A los diez días de su hallazgo, el hispanista y arqueólogo francés Pierre Paris, invitado por el archivero local para asistir a ver el Misterio de Elche, descubrió la obra y no dudó en enviar una fotografía al Museo del Louvre. Recomendó la compra inmediata. El museo buscó un patrocinador y lo halló: el banqueroNoël Bardac la adquirió el 18 de agosto por 4.000 francos de la época. A finales de ese mes la obra partió para Alicante y, tras una escala en Barcelona, llegó a París donde estuvo expuesta más de 40 años y donde fue bautizada como Dama de Elche. Pese a que su venta había sido completamente legal y pese a que en el Louvre estuvo siempre bien expuesta, presidía la sala de la cultura ibérica, la generación del 98 convirtió en una cuestión prioritaria su vuelta a España.
Si regresó fue por la victoria nazi sobre Francia durante la II Guerra Mundial. En 1940 el entonces director general de Bellas Artes, elMarqués de Lozoya, negoció con el gobierno de Vichy un intercambio de obras con Francia a cambio de la vuelta de la Dama de Elche, laInmaculada de Murillo, piezas del tesoro de Guarrazar y una esfinge de El Salobral. Como contraprestación España donaba a Francia de un Velázquez de segunda, posiblemente una copia de taller, y un Greco, también de segunda fila. Según Lucía Martín Cédric Gruat,coautores de El retorno de la Dama de Elche (Alianza 2015), este regreso conllevaba también el compromiso por parte de España de que no participaría en la II Guerra Mundial. Uno de los primeros en visitarla ya en España fue el jerarca nazi Heinrich Himmler, quien, según publicó entonces el ABC, le prestó "especial atención". La vuelta a España de la Dama de Elche fue tan celebrada que en 1948 se llegó a expedir un billete de una peseta con la efigie. Permaneció en el Prado durante tres décadas hasta que fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional.
La directora del Instituto de Restauración,Carmen Pérez, asegura que hay que ser comprensivos con las personas que decidieron venderla. "Tenemos que darnos cuenta de las circunstancias, del momento histórico en el que estaban, en el que no se le daba el valor que le damos ahora al arte...", comenta, antes de recordar que en la actualidad está muy bien expuesta en el Museo Arqueológico Nacional.
Cuando Pérez fue directora general de Patrimonio (1995-1999) hubo un primer intento para que volviera a Elche temporalmente. "Dijeron que era imposible y al final vino", recuerda. En concreto fue en mayo de 2006, durante seis meses. "Traer se puede traer a la Comunidad Valenciana, lo que pasa es que no es fácil porque es del Estado, está muy bien expuesta, se la ha tratado muy bien y se tendría que buscar un sitio muy adecuado", comenta. "Está claro que es una pieza que la gente podría ir a Elche a contemplarla, pero también es cierto que en Madrid la pueden ver muchas más personas", prosigue. "Pasarle no le pasa nada si regresa, si la traen una temporada de nuevo y a los ilicitanos les llenaría de satisfacción", vaticina.
Eso es lo que parece que sucederá. El propio director del Museo Arqueológico Nacional,Andrés Carretero, aseguró el pasado mes de marzo en declaraciones a la agencia Efe que era "razonable" que durante la próxima legislatura se vuelva a aprobar una cesión temporal. Sería el año que viene. Sólo temporalmente, sí, pero al menos volvería.
5. PUERTA DE LA CAPILLA DEL PALACIO DE MOSÉN SORELL. PARÍS.
El triste destino del palacio de Mosén Sorell es un epítome de la relación de los valencianos con su patrimonio artístico. El palacio, una lujosa mansión de principios del XV que se ubicaba en la calle Corona, en el lugar donde hoy se levanta el mercado del mismo nombre, había llegado a finales del XIX en excelente estado de conservación. Pero el 16 de marzo de 1878, cuando albergaba el Ateneo Casino Obrero, sufrió un incendio, en principio provocado, que lo dejó casi en ruinas.
Del siniestro se salvaron tres portadas góticas. Una de ellas era la de acceso al palacio desde la calle que se guarda desde 1924 en la Galería Parmeggiani en Reggio Emilia, Italia; otra, la de la portada que permitía el paso desde la antesala al salón principal, está en la actualidad en el Museo de Cerámica deFOTO: CIRCULO POR LA DEFENSA Y DIFUSIÓN DEL PATRIMONIO.Manises; la tercera, la más hermosa, la de entrada a la capilla atribuida a Pere Comte, fue adquirida por el Gobierno francés en 1883 y puede admirarse en Louvre de París. Hace ahora una década, en 2003, el Ayuntamiento de Valencia llegó a solicitar al museo que la devolviera, petición que fue desestimada.
El arquitecto valenciano José Ignacio Casar Pinazo cita el reciente libro La destrucción del patrimonio artístico español. W.R. Hearst: El gran acaparador (Cátedra, 2012), un estudio del catedrático José Miguel Merino de Cáceresy la profesora María José Martínez Ruiz, que según él describe a la perfección cómo fue el expolio de este palacio. "Entonces en España no se valoraba el arte gótico, pero también pasó con la colecciones de tapices, que fueron vendidas, en ocasiones con el beneplácito de las propias instituciones", explica.
"Cuando Ignacio Pinazo hizo su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes [en el año 1896], aseguró que la academia estaba llena de marchantes, porque muchos historiadores del arte y académicos se estaban dedicando a la venta de obras de arte, al expolio que entonces no se le consideraba como tal. Él pretendía llamar la atención sobre este saqueo", dice. La actitud de Pinazo y la de otros como él frenó en parte la sangría, aunque ésta aún duraría décadas.
6. PALACIO DE LOS CONDES DE CENTELLES DE OLIVA. COPENHAGUE.
El Palacio de los condes de Centelles de Oliva era un paradigma de la arquitectura valenciana de su tiempo, al combinar un gótico tardío con elementos mudéjares y decoración renacentista. Mandado construir por Francesc Centelles a principios del siglo XVI, por entronques matrimoniales acabó pasando a los Borja, luego vinculados a la casa ducal de Osuna, si bien nunca lo habitaron de forma permanente. Se fue deteriorando progresivamente. Estaba ya en mal estado cuando en 1871 fue vendido a particulares, que lo compartimentaron, abrieron una calle en medio del patio y acondicionaron viviendas para familias humildes.
Con el inicio del siglo XX los materiales más suntuosos se fueron arrancando y vendiendo. En 1917 se interesó por él, cuando ya estaba muy devastado, el anticuario y erudito danésEgil Fischer, quien compró partes del inmueble. Su intención era desmontarlo y, auxiliado por el arquitecto Vilhelm Lamitzen, trasladar los restos a Dinamarca para reconstruirlo en una casa de su propiedad. Así, sacó varios relieves escultóricos, columnas, rejas y partes del friso de la Sala de Armas, algunos de los cuales se encuentran ahora en el Museo de Artes Decorativas de Copenhague y otros en la Hispanic Society de Nueva York, tras su compra en subasta en Londres en 1980.
Maqueta del palacio de los condes de Centelles que se exhibe en Oliva.
En 1920, cuando la mayor parte del daño estaba hecho, el Gobierno español quiso poner freno a este desmantelamiento y el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, una declaración que llegaba tarde. Por si fuera poco, los restos del palacio sufrieron graves tormentas en 1932 que derrumbaron más partes del inmueble, a lo que hay que sumar las consecuencias de la Guerra Civil, que terminó por destrozar la carpintería, hasta que se produjo su derribo en la década de los 50.
"Había una voluntad de expolio, de creación de un patrimonio artístico en Estados Unidos, que al final lo han logrado a través de la importación", dice Pinazo. "También pasó en Francia, pero donde hay más arte, en España en Italia, es donde sucedió con más frecuencia", añade. El problema de fondo, dice, es que no existía una catalogación adecuada del patrimonio artístico. Una carencia que aún hoy perdura. "Que no exista una catalogación todavía en condiciones del arte propiedad de la iglesia, por ejemplo, es una vergüenza", insiste. 
7. CERÁMICA VALENCIANA MEDIEVAL. NUEVA YORK.
Una de las sorpresas que se llevan muchos valencianos cuando visitan el Metropolitan de Nueva York es descubrir las vitrinas dedicadas a la cerámica medieval de Manises. La colección está considerada por muchos especialistas como una de las mejores, sólo superada por la de la Hispanic Society, la indiscutible número uno en Estados Unidos. Así lo cree también el director del Museo Nacional de Cerámica, Jaime Coll, quien resalta que "en el Plato con las armas de Blanca de Navarra (1427-1438).Brasero de finales del XV, principios del XVI.extranjero las piezas de cerámica de Manises son protagonistas".
La inmensa mayoría de estas obras salieron antes de 1905, según explica el director del González Martí. Después de esa fecha, dice Coll, todas las grandes colecciones museísticas ya estaban formadas así que el ritmo de exportación y salida de obras fue menor. Fueron los investigadores franceses los que en torno a 1850 pusieron a los objetos cerámicos (platos, recipientes, tarros...) hechos en Manises como "cumbres del arte cerámico" y eso fue lo que provocó que durante ese medio siglo que llega hasta 1905 los grandes museos comprasen hasta acaparar "las mejores piezas".
Las que más interesaban en Estados Unidos eran las que tenían heráldicos de familias nobles europeas. Así sucede con algunas de las que se exponen en el Met, como un plato con la heráldica de Blanca de Navarra que el museo neoyorquino data entre 1427 y 1438. Con los años quedaron pocas. Una de las últimas disponibles en el mercado fue un plato con el heráldico del Duque de Borgoña queLázaro Galdiano (1862-1947) compró poco antes de morir.
Para Coll, el que buena parte de los platos de Manises se hallen en el extranjero, lo que confirma es "el retraso en este país por la investigación avanzada". Si hubieran existido estudios y centros como los que sí existían en los países europeos, jamás se habrían perdido todas estas maravillas. "Pero como siempre,hemos ido a remolque, y por eso las hemos perdido. Ésa es la moraleja de esta historia", concluye.

viernes, 24 de abril de 2015

EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO

Las joyas ocultas del Antiguo Convento de Santo Domingo de Valencia

VÍDEO
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  • El acuartelamiento militar hará jornada de puertas abiertas en mayo para que pueda ser visitado por los ciudadanos.

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Muchos edificios de Valencia, considerados como emblemáticos, guardan en su interior auténticas joyas patrimoniales que, en unos casos, permanecen ocultas al ciudadano,y en otras ocasiones, resultan poco accesibles.
Como ejemplo del primero de los casos tenemos el conjunto de San Vicente de la Roqueta, que representa los inicios del cristianismo en Valencia. Fue considerada la primera catedral de la ciudad durante el siglo IV y se custodió allí durante un tiempo el 'Penó de la reconquesta'. Lleva varias décadas cerrado y ha sufrido peligro total de ruina en ese tiempo. Un abandono parecido, aunque permanece en buen estado, es el que sufre el Monasterio de la Santísima Trinidad. Cerrado a cal y canto desde hace un año y que guarda en sus entrañas, entre otras maravillas, el sepulcro de la reina María de Castilla.
En el otro lado de la balanza (en el del acceso restringido) está el Antiguo Convento de Santo Domingo. Hoy actual sede del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad (CGTAD) y antigua Capitanía General de Valencia. Restringido porque es un edificio ocupado y que eso sí, abre sus puertas para visitas previamente concertadas y que por segundo año consecutivo tendrá la Jornada de Puertas Abiertas los próximos 23 y 24 de mayo.
En este lugar se puede contemplar la riqueza histórica Claustro Gótico del siglo XIV, o la del Salón del Trono.Pero sobretodo destaca la impresionante Capilla de los Reyes, con su espectacular bóveda construida con una particular piedra de Sagunto y que probablemente sea la única pieza medieval que no ha sufrido recubrimientos posteriores. Concebida como capilla funeraria para el rey Alfonso el Magnánimo y la mencionada María de Castilla, al morir el monarca en Nápoles, la reina no quiso que sus restos descansaran aquí. Se realizó entre 1439-1463 por Francesc Baldomar. En la obra colaborará también su alumno, el famoso Pere Compte. En 1535 la capilla fue concedida por Carlos I a Doña Mencia de Mendoza, marquesa de Zenete, con uso funerario, y allí destaca el sepulcro de mármol blanco con la figura de sus padres.
El otro elemento destacado del complejo es el Aula Capitular. Ha sido calificada como el precedente de las salas columnada de la Lonja de Mallorca, y que sirvió de inspiración a Compte para hacer la de Valencia, versión constatada por la Universitat de València. La construcción fue financiada por Pedro Boïl, mayordomo de Jaime II. Se construye entre 1310 y 1320. Hay un sepulcro que alberga los restos de dos descendientes del promotor del aula. Uno de ellos era Ramón Boïl, gobernador de Valencia asesinado en 1407 y que recibió como homenaje por ese hecho la calle conocida como Gobernador Viejo. También se erige tras una reconstrucción la celda que ocupaba San Vicente Ferrer.
El convento de los Predicadores de Valencia se ubica en la plaza de Tetuan 22.

FUENTE: LAS PROVINCIAS

lunes, 20 de abril de 2015

HALLAZGO EN EL ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE VALENCIA

Descubren en el archivo de la Catedral de Valencia una contabilidad del siglo XVI única en el mundo

El hallazgo es fruto de la investigación realizada para su tesis doctoral por Inmaculada Llibrer, profesora de la Universidad Católica de Valencia, que ha dirigido el Dr. Nicolás Sánchez
16/04/2015
Inmaculada Llibrer, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Católica de Valencia, en el archivo de la Catedral, junto a algunos de los volúmenes consultados.
Los libros de cuentas catedralicios, conservados en buen estado, mantienen su encuadernación original.
Una de las primeras páginas del 'Maior', en el que se puede leer en valenciano antiguo: "Libro 'maior' de la insigne sede metropolitana de Valencia, comenzado por"; y, a continuación, los nombres de cuatro canónigos.
La estructura de ciertos volúmenes refleja un tipo de contabilidad única en el mundo.
Detalle de una maqueta sobre el aspecto del antiguo archivo de la Catedral.
La caja de la sacristía, con sus tres cerraduras, se sigue conservando en las instalaciones de la Catedral.
Para proteger los bienes de la sacristía, tras la puerta de entrada a la misma, se puede observar un segundo portón que se hacía descender en caso de ataque. Lo precede un hueco en el techo desde el que se lanzaba aceite hirviendo a los atacantes.
Detalle de un mapa antiguo de la Valencia del siglo XVI.
Inmaculada Llibrer, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Católica de Valencia "San Vicente Mártir" (UCV), ha descubierto en la investigación que ha realizado para su tesis doctoral un sistema de contabilidad único, no catalogado hasta el momento, en los libros de cuentas manuscritos en valenciano antiguo de la Catedral de Valencia en el periodo comprendido entre los años 1546 y 1555.
Este sistema único se utilizaba tan solo para la caja de la sacristía, el "corazón económico y financiero" de la Catedral, en la que se guardaba el dinero. Para gestionar las transacciones de esta caja fuerte mediante dicho sistema se utilizaban tres libros: el Manual, y el Maior, ambos estudiados por Llibrer, junto al libro borrador, que no se ha conservado.
Llibrer -que ha obtenido la nota de sobresaliente cum laude- ha calificado el descubrimiento de "muy importante" tanto para el ámbito de la contabilidad, como de la historia y la economía valenciana, porque se trata de un sistema contable que contiene los elementos de la partida doble (el método de registro que se utiliza en la actualidad y que maneja dos cuentas: una que se debita y otra que se acredita) "adaptados a las características de la institución" en orden a poder conseguir la información económica que el cabildo necesitaba para tomar sus decisiones.
Según el estudio de la profesora de la UCV, la partida doble llegó a la Catedral posiblemente a través de los miembros del cabildo -órgano de máxima autoridad de la institución, formado por un colegio de 24 canónigos y presidido por el arzobispo- que pertenecían a "familias empresariales" de la ciudad. Años antes de esta época, Valencia había sido "un foco de negocio muy señalado en el Mediterráneo".
Así, el cabildo catedralicio necesitaba un sistema que le permitiese conocer, en cualquier momento, "cuánto dinero tenía, qué centro de actividad lo había generado y a qué se destinaba" para poder decidir respecto a futuras inversiones "que le permitiesen no pedir fondos en el mercado financiero". Por ello, adaptaron las características de la partida doble a las necesidades de la Catedral.
57.300 MISAS ANUALES Y 40 PROCESIONES
En opinión de la docente de la UCV, la contabilidad de la Catedral era "muy eficiente" porque el cabildo utilizaba un sistema u otro en función de la información que precisaba: "Si querían controlar qué había ocurrido, utilizaban el sistema de partida simple; si necesitaban saber de qué fondos disponían, hasta cuánto se podían endeudar, qué cantidad podían pedir prestada y si podían enfrentarse o no a una obra en el templo, necesitaban del sistema de partida doble".
Por otra parte, Llibrer ha asegurado que, aunque sería "desacertado" pensar que la Catedral era como una empresa, muchas de hoy podrían "aprender" del sistema organizativo que ésta tenía en el siglo XVI. "El estudio detallado de los apuntes contables permite concluir que existía una estructura económica de abrumadora complejidad", ha aducido.
Dicha estructura estaba motivada por la "numerosa actividad económica" que manifiestan los libros de cuentas examinados por la experta de la UCV. Así en aquella época se celebraban cada año más de 57.300 misas -más de cien diarias-, alrededor de 3.000 horas canónicas, más de 40 procesiones, todas las festividades y solemnidades del calendario litúrgico, y muchos de los actos sociales de la ciudad y del Regne.
Precisamente, de la transcripción realizada por Llibrer de cada uno de los diez libros de cuentas (uno por año), lo "más significativo" del sistema exclusivo que estos empleaban es que "en todo momento" se observa la organización interna de la Catedral, que dividía su estructura en muchas administraciones separadas entre sí para responder a las exigencias de las "múltiples actividades" que en ella tenían lugar.
Estas administraciones eran "independientes" y no se producían traspasos de fondos entre ellas, excepto los que respondían a transacciones económicas reales derivadas de la actividad. El cabildo delegaba la gestión de cada administración en un canónigo, "estrategia que indicaba la estrecha amplitud de mando sobre los fondos y la voluntad de que todos los miembros fueran conocedores del funcionamiento de toda la institución evitando que se perpetuaran sobre una determinada área".
MULTITUD DE ADMINISTRACIONES: L'ALMOINA, DINER MENUT, ARMARIO DE FÁBRICA...
Las administraciones que se hacían demasiado grandes se dividían a su vez, en otras, como sucedió con la principal, L'Almoina, que se dividió en tres: las procuras de Ruzafa y Benimaclet, y la del Pagador de señales, el que hacía efectiva la entrega diaria a los pobres.
Canonical, Diner menut, y Doblas y aniversarios eran las tres áreas que dedicaban sus ingresos a pagar a dignidades, canónigos y beneficiados su asistencia a celebraciones, misas y oraciones en el coro, aunque este cometido se realizaba a través de la bolsa del coro que intermediaba entre ellas y los asistentes.
Obra y fábrica atendía las reparaciones, el mantenimiento y las obras de remodelación del templo (en esa época se había llevado a cabo la reconstrucción de la arcada principal); así como la luz, la limpieza (el suelo de la Catedral era de tierra) y algunos gastos relacionados con la música.
Existían otras administraciones como Armario de fábrica, que atendía pequeños gastos y compras de la liturgia; Annata mortis, que cobraba los beneficios vacantes; Racions comuns, que pagaba dietas y gastos de manutención y de estancia a los representantes del cabildo en otras plazas; Tesorería, que adquiría, custodiaba y reparaba los ornamentos; Administración de misas, que se encargaba de la gestión de las misas.
Por último, las administraciones Décima y Sacristía: la primera se creó para recaudar entre todos los eclesiásticos de la diócesis el impuesto del subsidio, que financiaba la política exterior del monarca.; y la segunda estaba gestionada por el Magister, que se encargaba personalmente de la custodia de los fondos. Además, la caja de la Sacristía tenía cuatro cerraduras con cuatro llaves diferentes, en poder de cuatro canónigos elegidos por el cabildo; se trataba de una medida de seguridad que requería de la presencia y el acuerdo de los cuatro para que se abriese la caja.
MÁS DE 500 TRABAJADORES EN OFICIOS YA EXTINTOS
Toda las tareas de este entramado de administraciones dependían de "muchos oficios distintos, más de quinientos con toda seguridad", según ha expuesto Llibrer. De los relacionados con la liturgia, en el transcurso de la investigación se encontraron siete: el 'sots-diacà', un clérigo no presbítero cuya función era leer la epístola; los 'sochantres', dos clérigos que asistían en las celebraciones litúrgicas, en las misas cantadas y en las vísperas; los 'domer', encargados semanalmente de las celebraciones del oficio y la administración de sacramentos; los cuatro 'hebdomari', que ejercían el oficio ayuda en el altar.
Además de estos se encontraban también los cantores, contratados para que ejercieran labores musicales durante la liturgia; junto al organista y los músicos, que podían ser todos seglares.
En cuanto a los oficios relacionados con tareas de administración, el "más destacable" era el ya mencionado de administrador de cada una de esas áreas, que delegaba en el procurador las tareas de recaudar los cobros de las rentas y una parte de la gestión de tesorería. El canónigo que tenía a su cuidado el mantenimiento del edificio de la catedral recibía el nombre de 'obrer'; y su procurador el de 'sots-obrer'.
Por su parte, el racional u 'oidor de comptes' realizaba la revisión de las cuentas que, para cada administración, se elaboraban al cierre del ejercicio; mientras que el 'collector' era quien realizaba la colecta; el 'baciner' estaba al cuidado del 'bací', donde se depositaban las limosnas; el 'bosser' era la persona que tenía a su cargo la bolsa; y el apuntador ejercía uno de los oficios "más delicados y difíciles" de ejercer, pues debía anotar las faltas de los que no asistían a las misas.
Finalmente, los dos 'archivers' eran los encargados de guardar, custodiar, administrar y llevar con orden todos los instrumentos, papeles, escrituras, documentos, libros y la cuenta y razón de las administraciones y sus colectas; y el 'pertiguer', que llevaba una pértiga,era el encargado de poner orden dentro del recinto sagrado.
Muchos otros oficios, como el de carpintero, el de cerero o el de platero, vivían de la actividad económica que generaba la actividad de la Catedral.
La tesis ha sido dirigida por el Dr. Nicolás Sánchez, profesor de la Universidad Católica de Valencia.
El tribunal ante el que Llibrer ha defendido su tesis ha estado compuesto, en primer lugar, por el Dr. Vicente Montesinos, catedrático de Contabilidad de la Universitat de València, que ha actuado como presidente; por el Dr. José Andrés Sánchez Pedroche, rector de la Universidad a Distancia de Madrid; y por la Dra. Begoña Prieto, catedrática de Contabilidad de la Universidad de Burgos, que ha detentado el cargo de secretaria del tribunal.

EL AJEDREZ MODERNO NACIÓ EN VALENCIA

Francesch Vicent en busca y captura: La formidable historia de su incunable

Un libro valenciano del siglo XV sobre ajedrez que "podría valer más de tres millones", de influencia mayúscula y en paradero desconocido, es buscado por todo el mundo por varios seres quijotescos
VALENCIA. Como un aguja en un pajar, o una pequeña estrella escondida en mitad del universo, un libro permanece (se supone) oculto en algún lugar del mundo. Un clan de hombres de decisión quijotesca andan tras él. ¿El motivo? Se trata del primer libro de la historia que plasma el ajedrez moderno. Y algo más que eso: es testimonio de una época formidable para Valencia, donde los ajedrecistas tomaban la ciutat mientras las artes florecían, cual Arcadia valenciana.
Un hit formidable que escribió un joven conmovedor del que conocemos poco: Francesch Vicent. "Vecino y criado en Valencia", deja escrito en 1495 cuando tendría, y todo esto son aproximaciones, entre 30 y 35 años. Su libro, qué iba a saber Vicent, ha alcanzado con el paso del tiempo un valor difícil de cuantificar. "No decimos ninguna locura si planteamos que podría costar más de tres millones de euros", me dice José Antonio Garzón, un apóstol de Vicent en el siglo XXI.
Magnus Carlsen (la actual sensación del ajedrez, un chico con aparienciaJustin Bieber que domina los tableros) juega a lo que un fulano de la vieja Valencia dejó escrito sobre un librillo. "Bobby Fischer", cuenta Garzón "planteó recurrir al sorteo de la posición inicial, para empezar la partida de forma aleatoria y darle mayor dinamismo al ajedrez. Vicent ya habló de ello más de cinco siglos antes".
Viajemos hasta aquellos años (con el margen de error de los enigmas, limado al máximo por hombres como Garzón) José Antonio Garzón.para acercamos a Francesch Vicent, un activo (históricamente) especial. Pasen y vean:
En Valencia late el siglo de oro. Tercera capital de Europa. Un crisol ciudadano. En ese ambiente de fertilidad intelectual, vive Vicent, un judío de Segorbe, se cree. Juega al ajedrez con pulso de cirujano y ritmo mental de ágil matemático. ("Si viviera en esta época pertenecería a la elite del ajedrez", quiere aclarar el experto Garzón. "Plantea problemas que todavía ahora no se pueden resolver; no deja lugar a recurrir a las máquinas. Era un genio").
Vicent pertenece y se relaciona con una esfera de literatos y ajedrecistas valencianos que, sin ellos saberlo, están construyendo futuro. La mayoría son unos vanguardistas que plantean novedades, que quieren pasarse por el forro los estándares y revolucionar su pasión: el ajedrez.
Comienzan a jugarlo de una manera inventada, introduciendo la figura de la reina y consecuentemente del peón. Con la primera, la revolución femenina; con lo segundo, la revolución social. La reina pasa a ser poderosa en el tablero de la vida y a los peones se les confiere influencia decisiva en el devenir de las cosas. ¿Pretendía la colla de ajedrecistas lanzar ese mensaje? Probablemente no y sólo se estaban inspirando el en el ideal de la belleza femenina y en la pujanza de las reinas de entonces.
"Creía que Isabel la Católica inspiró la aparición de la reina en el ajedrez, pero la tesis se me desmonta en el camino porque la primera mención a la dama (reina) es anterior a que Isabel la Católica adquiriera celebridad", me confiesa Agustí Mezquida, director del documental El hombre que se inspiró en la reina. La dama valenciana, una cinta que se estrenará presumiblemente este año tras pasar por la SEMINCI. "Puede que la elección de la figura de la reina sea reflejo de una corriente en el sur de Europa por la que las reinas comienzan a tener un protagonismo total".
Escenificación de la primera partida con reina en el documental 'La dama valenciana'.
Volvemos a ti, Vicent. Un trío de poetas perteneciente a su entorno, que desprecian el ajedrez medieval por rancio, comienzan a fantasear con un ajedrez moderno no inventado y a dejar trazas sobre la pieza 'reina' en un conjunto de poemas llamado Escacs d'amor, con 64 estrofas. Y 20 años después, el mismo impresor imprime también en Valencia, un 15 de mayo, la obra de Francesch Vicent: Llibre dels jochs partits dels schacs en nombre de 100, donde oficializa el nuevo juego. AKA uno de los libros más buscados de la Tierra. "El libro que cambia la historia del ajedrez".
Vicent no lo sabe, pero al poco de publicar su bestseller se le aproxima la peor experiencia de su existencia. ("La tragedia es ingénita a su vida", me apunta Garzón en la mesa de una cafetería cercana a la calle La Paz, con un ruido inmundo, unos cinco millones de horas después de que Francesch Vicent fuera a dejar Valencia). Un poco después de la expulsión de los judíos, esa monumental fuga de cerebros, nuestro hombre es pateado del reino y vaga hacia el exilio. Valencia pierde a uno de sus fulanos más brillantes.
Los Borgia, unos pedazo de ladinos, se aprovechan y lo acogen entre sus faldas como instructor. Se reencuentra su pista en el listado de cortesanos de Lucrecia de Borgia: Francisco El Español, maestro de ajedrez.Lucrecia Borgia por Bartolommeo VenetoPreviamente habría estado al servicio de César Borgia, un compulsivo ajedrecista que entretenía con ello los cautiverios vaticanos.
En el ducado de Ferrara el ajedrez pasaba por ser una de las religiones capitales."Lucrecia, se cree, contrata a Vicent para perfeccionar su juego y poder competir con su cuñada", sostiene Garzón. Sea como fuere, la Lucrecia lasciva es bien acogida en Ferrara, el único lugar donde, en parte quizá por sus aptitudes moviendo la reina, no se la tratará de puta.
Lucrecia Borgia ha muerto. Vicent pierde a su gran valedora y nunca más se vuelve a saber nada sobre sus siguientes pasos en dirección a la muerte, excepto enigmáticas referencias a principios del XVI, donde, en reediciones de manuales de ajedrez como la de Damiano, aparecen en portada y a doble tinta homenajes crípticos a su legado.
Fin a la vida de Vicent.
Con el paso de los siglos, y ante pequeñas migas en el camino, una serie de espías indómitos de su memoria deciden ir a la búsqueda del libro perdido en mitad del universo. "He invertido mucho tiempo. He ido a Siena, al Vaticano, a Montserrat, Barcelona...", pronuncia Garzón, principal impulsor de la búsqueda.
"Cuando cayó en mis manos el libro que hablaba de Vicent supe que estaba ante una historia maravillosa", refleja Agustí Mezquida, Agustí Mezquida.que rodó su documental entre Livorno, Perugia, Cesena, Ferrara, Roma y Cleveland, anhelando destapar pruebas de un alud de polvo.
"En los últimos cuatro años se ha avanzado más en su búsqueda que en los últimos dos siglos", apunta Garzón. Al rastreo contribuye el premio Von del Lasa, que hasta el 15 de mayo de 2015 premia con 18.000 euros a quien haga un check-in certero de la posición de la obra. "Menéndez Pelayo ya propuso convocar un premio para encontrar el libro de Vicent".
¿Pero dónde demonios está?, ¿qué se sabe de él?, ¿hay sólo un ejemplar?
–Mezquida: No es de gran tamaño y puede que esté encuadernado dentro de otro libro, en una biblioteca medio abandonada.
–Garzón: Igual el ejemplar ya está incluso digitalizado sin que se dieran cuenta de su identidad. Estamos más cerca que nunca de encontrarlo.
La última prueba certera lo situó en la abadía de Montserrat, donde los abades, qué gente más ordenada, lo tenían inventariado hasta que en la Guerra de la Independencia las tropas españolas se refugian allí, y las francesas terminan desenfundando armas, quemando gran parte de la biblioteca y robando los ejemplares más valiosos. Algunos libros volvieron con el tiempo a Montserrat. "El de nuestro amigo Vicent no volvió nunca" (Mezquida).
Biblioteca de Montserrat, el último sitio donde estuvo (seguro) el Vicent.
Pista principal número uno: en un piso de Barcelona el librero Salvador Babra comenta con sus clientes la posesión del librito de Vicent. "No te lo puedo vender. Ya lo he apalabrado con un millonario americano", dirá Babra.
En el mismo momento Babra vende un manuscrito que le ha querido comprar el coleccionista estadounidense John G. White, un hombre de Cleveland que amasó miles de tomos sobre ajedrez. "El precio que me pide es absurdo", le escribe White a un colega.
Los presagios, su estrecha relación con Babra, su avidez por las publicaciones de ajedrez, su voluntad de adquirir un manuscrito en el mismo momento que Babra tiene 'el Vicent'... Todo apuntaba al millonario de Cleveland como el gran sospechoso de haber poseído en última instancia la obra. Los viajes a Cleveland, las nuevas migas aparecidas, desmienten en cambio la tesis.
"White llevaba registrados todos los libros relevantes de ajedrez que existían y ponía una cruz a todos los que ya tenían propietario. El de Vicent no tenía crucecita", aporta el realizador Agustí Mezquida.
Pista principal número dos: el manuscrito medieval que Salvador Babra había vendido, supuestamente al mismo americano que compró el libro de Vicent, aparece recientemente en Gustavus Adolphus Pfeiffer.la Biblioteca Pública de Nueva York. "El manuscrito que conduce al libro". Y señala directamente a un farmacéutico, mecenas, filántropo y coleccionistaGustavus A. Pfeiffer,fallecido en 1953 (el manuscrito se donó un año antes). ¡La vía neoyorquina!
¿Es Pfeiffer el millonario americano al que Babra dijo haberle apalabrado 'el Vicent'?, ¿dónde lo tendría? Las relaciones con su entorno se han intensificado para averiguar si alguna vez Pfeiffer dejó escrita alguna mención sobre el tratado cumbre del ajedrez, el legado de un joven judío que contribuyó a dar lustre a la Valencia más dorada (aquella sí) y por cuyo trágico sino su nombre estaba condenado a caer sepultado en el olvido. Un clan de discípulos lo están evitando.
"Tengo la certeza que el episodio está a punto de cerrarse en los próximos años", sentencia Garzón.